El polémico y autodenominado pastor Alfredo Saade dejó este viernes la Casa de Nariño, tras permanecer apenas dos meses como jefe de gabinete del presidente Gustavo Petro.
El mandatario le solicitó la carta de renuncia después de sus recientes y controversiales declaraciones sobre el asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe, en las que, con ligereza, comparó este crimen con “caerse de una bicicleta”, restándole gravedad a un hecho que ha sacudido a la opinión pública y exacerbado el clima de tensión política en el país.
Saade, sin embargo, ya arrastraba un historial de pronunciamientos imprudentes. Durante su breve paso por la Casa de Nariño, alentó abiertamente la reelección de Petro, pese a que la Constitución colombiana lo prohíbe de manera explícita. Estas posiciones le generaron ataques no solo desde la oposición, sino también desde el propio Pacto Histórico, donde varios de sus integrantes lo consideraban un factor de desgaste político para el Gobierno.
Pese a la acumulación de errores y las tensiones que provocó, el presidente no lo apartó de la esfera estatal: lo designó como nuevo embajador de Colombia en Brasil, una decisión que, para críticos y analistas, envía un mensaje ambiguo sobre la gestión de las crisis políticas y la coherencia en los nombramientos diplomáticos.